Mundo polar

Mundo polar

En muchas religiones y escuelas filosóficas orientales es frecuente hablar del no-dualismo como el estado natural de las cosas, lo que quiere decir que no hay una diferencia entre tú y yo, dentro y fuera, el individuo y el universo. Todo es uno. Pero es nuestra mente, a través del lenguaje, la que nombra, etiqueta y marca una separación, y entonces vemos diferencias que en sí mismas no existen (aplicándolo al cuerpo, al que no veremos como un todo, eso hará que tendamos a pensar que un dolor de cervicales tiene su origen en el cuello, y no, por ejemplo, en problemas de hígado).

El origen del pensamiento judeocristiano, en principio, se basaría en lo mismo (en la Biblia, hasta que Adán y Eva no comieron los frutos del árbol de la vida no sentían pudor por ir desnudos, ni deferenciaban entre «Bien» y «Mal»). Pero en la práctica nuestra visión del mundo se mueve, constante, en polaridades: fuerte-débil, guapo-feo, listo-tonto, simpático-antipático, blanco-negro… Y todas ellas se engloban dentro de ese gran paraguas superior de lo bueno o lo malo, del juicio moral que marca qué es correcto y deseable y qué no, y que fortalece los «deberías». No es algo que nos pase por ser occidentales, porque como hemos dicho, el hecho de tener una mente pensante que se manifiesta a través del lenguaje ya nos hace duales; pero siendo occidentales el componente moral pesa más.

Es un pensamiento que impregna nuestra política (ricos y pobres, izquierda y derecha, norte y sur). Genera bandos, confrontación e… intolerancia. George W. Bush hablaba del famoso «eje del mal», pero es que, en esos países, lo que se consideraba malo era Occidente. En el día a día, si yo me reconozco como seria y profunda, no me gustará tratar con gente poco formal que habla de cosas, a mi juicio, superficiales. Es más, me despertarán una sensación incómoda. Tampoco, evidentemente, me permitiré dar espacio a la parte más alegre e irresponsable que haya en mí.

Para mí el mundo polar es como un mundo en dos dimensiones, o eres base o eres altura, o estás en un lado o en el otro… No puedes ir o ver más allá. Un mundo no polar sería, siguiendo el símil, un mundo en 3D, y quizá hasta haya allí fuera otros mundos, sólo que a esos ya nos resulta complicado aspirar… El reto como humanos consiste en quedarnos en el medio; en evitar las definiciones y las autodefiniciones, o en comprender por lo menos que no dejamos de ser definiciones en movimiento. En ser capaz, en el día a día, de mantenernos al lado de esa persona que nos incomoda y cuestiona nuestros valores, en identificar qué nos está pasando. En respirarlo y acogerlo.

Ni una cosa ni otra. Ni chicha ni limoná. Mejor un sol y sombra.

1 Comentario
  • La queja por sistema | Coaching desde el Yoga
    Enviado el 20:47h, 10 mayo Responder

    […] del reloj en la derecha, los del whisky y los del gin tonic… (para más sobre polaridades, aquí)… También está el bando de los que se quejan y el bando de los que no (o no tanto). Suelen […]

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