Enfermedades de transmisión espiritual

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Enfermedades de transmisión espiritual

Enfermedades espirituales / daltitcoachingMariana Caplan es una psicóloga estadounidense que se ha especializado en tratar a personas que se introducen en el camino de la búsqueda espiritual, y ha escrito varios libros sobre el tema (como «Ojos bien abiertos. Cultivando el discernimiento en la práctica espiritual»). En este interesante post, Caplan resume cuáles son, según ha ido descubriendo a lo largo de su carrera, las enfermedades de «transmisión espiritual» más frecuentes, que pueden tener componentes meramente individuales (como por ejemplo el ego o el orgullo «espiritualizados», que dan lugar a personalidades a prueba de balas, infranqueables a opiniones ajenas y con un sentido interno de superioridad) o grupales (como la sensación de ser un grupo elegido, o la cerrazón a ideas externas).

No se llega al camino espiritual como una página en blanco, y en la manera de abordar la búsqueda replicamos hábitos antiguos. Y son interesantes las observaciones de Caplan (hechas aquí), en relación a que el haber practicado durante décadas, o incluso el ser un maestro, no es una garantía contra el padecer problemas psicológicos, ya que solamente la experiencia espiritual no siempre permite integrar ciertos traumas o sombras. La autora también menciona que en la importación de tradiciones surgidas en otras épocas y culturas no se está considerando el muy distinto contexto social en el que éstas surgieron (nosotros no sólo vivimos en entornos bastante más ansiosos y estresados, sino también en sociedades menos cohesionadas y estructuradas), ni tampoco el hecho de que en Occidente la mayor parte de quienes se acercan al camino espiritual son mujeres, con unas cualidades y necesidades a la hora de acercarse a la práctica, tanto físicas como mentales, muy distintas a las masculinas.

Ante todas estas situaciones y retos, Caplan afirma que, si algo ha aprendido, es a tolerar dentro del camino de búsqueda espiritual las «complejidades» humanas, entendiendo que todos, maestros incluidos, tenemos puntos ciegos, y que por tanto asumirlo es una señal de madurez e inteligencia emocional, mientras que esperar lo contrario es sentar las bases para una desilusión segura.

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