El cuerpo, el paso para reconectarnos

El cuerpo, el paso para reconectarnos

Sentimos una cosa pero pensamos y hacemos otra. Y no lo hacemos tras una valoración pausada, escuchando a nuestro instinto pero cayendo en la cuenta de que, al menos esta vez, las circunstancias no nos permiten seguir lo que nos dicen nuestras tripas. No. Sentimos una cosa y hacemos otra porque ni siquiera sabemos lo que sentimos.

El cuerpo para reconectarnosEs algo habitual en nuestra sociedad, en la que la mente se impone sobre el cuerpo (donde residen y tienen eco las emociones), y donde se considera una virtud ser «razonable» (es decir, guiarse por la razón) y una debilidad ser «emocional». Cuando la falta de contacto y reconocimiento de las propias emociones se convierte en patológica se la denomina «alexitimia», y es algo mucho más frecuente de lo que creemos: el analfabetismo emocional afecta a una de cada siete personas. El que la sufre no sabe lo que siente y en consecuencia no sabe articularlo en palabras. Si no somos capaces de verbalizar, la experiencia se mantiene en el terreno de lo inconsciente y no llegamos a saber lo que nos pasa. Puede ocurrir con todas las emociones, o sólo con algunas.

En cada familia hay ciertas expresiones y emociones permitidas, y ciertas prohibidas. Esto hace que en determinadas situaciones en las que «tocaría» una emoción prohibida, usemos la otra, la que en casa se veía bien. Es frecuente, por eso, que haya personas que reaccionen con rabia ante una pérdida (en lugar de hacerlo con tristeza), o con tristeza ante una injustica (cuando sería más oportuno hacerlo con rabia). La emoción que no sale (e-motio, el impulso o movimiento que te mueve hacia) se queda en nuestro interior, como agua estancada.

Si, además, se producen en nuestras vidas situaciones que van más allá de lo que podemos comprender o procesar en esos momentos, es probable que nos disociemos. Nos desconectamos de nuestro cuerpo, para no sentir en su totalidad esa emoción que no podemos tolerar. Generamos entonces un cortocircuito corporal, que nos ayuda a dejar de sentir (sufrir) tanto. Un deprimido, por ejemplo, deja de respirar de forma profunda; es su «truco» para sentir menos, más superficialmente.

Es una estrategia efectiva para seguir adelante. Pero una estrategia saludable consiste en, pasado el tiempo, recuperar nuestro lugar en nuestra propia vida y dar el paso para habitar todas las habitaciones de nuestra casa.

Quizá pasen diez, veinte, o treinta años… Nuestros cuerpo nos permitirá dar ese paso. Mover el cuerpo nos ayuda a volver a sentir. Nos agitamos y se agitan nuestras emociones, nos sacudimos y se sacuden ellas también. Conectar con las sensaciones corporales es el comienzo del camino para recuperar lo que sentimos, para recuperar los recuerdos y para acoger todas las partes de nuestra historia, aceptándolas, abrazándolas, pasando página. Es el paso para reconectarnos.

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