7 formas en las que la meditación ayuda a la relación de pareja

7 formas en las que la meditación ayuda a la relación de pareja

En un ‘post’ anterior comentaba las definiciones que daba en su libro José Manuel Vázquez a la pregunta de qué es la meditación. Tengo pendiente dedicar una entrada un día a los beneficios de la práctica continuada del ‘mindfulness’ u otros tipos de meditación (entrada que supongo que habrá que actualizar periódicamente, ya que cada vez aparecen más estudios científicos mencionando más y más ventajas). Pero hoy, y un poco impulsada por el vídeo que colgué hace unos días, me gustaría aportar los 7 regalos con los que se verá recompensada tu relación de pareja si meditas.

Está bien tenerlos presentes, para uno mismo y para el otro, ya que a veces sentarse a “no hacer” no acaba de estar bien visto… La realidad es que, aunque no sea una práctica compartida por los dos miembros de la pareja, medita uno y ganan los dos. ¿Por qué?

1)   El estrés se reduce. Buena parte de los problemas que tenemos con nuestras parejas no están directamente relacionados con ellas, pero estamos estresados y cansados y terminamos pagándolo con el que tenemos más cerca. Reduciendo el estrés, la pareja sana.

2)   Las discusiones disminuyen. La mente reactiva, aquella que “salta” de forma automática cada vez que nos sentimos atacados, se debilita. La brecha entre acción y reacción, entre los estímulos que recibimos y la respuesta que damos, se acrecienta. El resultado es que, incluso en el calor de una discusión, podemos evitar llevarnos por la emoción, analizar y llegar a la conclusión de que es mejor quedarse callado, o buscar suavizar la situación, a decir una palabra más alta.

3)   La empatía aumenta. Con la meditación aumenta nuestra capacidad de ponernos en el lugar del otro. Esto, en momentos de tensión, contribuirá a eliminarlos: rápidamente recordaremos que el otro forma parte de nuestro “equipo”, aun cuando a veces no sepa entendernos. En momentos de distensión, la empatía contribuirá a mejorar la escucha.

4)   Se vive más en el presente, y se descubre la felicidad de los pequeños momentos compartidos. Para estar feliz juntos cada vez hacen falta menos cosas.

5)   Aumenta la aceptación de uno mismo y se reduce la exigencia hacia el otro. El otro no es responsable de nuestra felicidad; sólo nosotros, con nuestro trabajo interno, lograremos esa plenitud.

6)   Si había celos o posesividad, por el mismo motivo, disminuyen.

7)   Mejora la conexión cerebral entre las zonas más “emocionales” y las más intelectuales. Si nos encontramos con una pareja en la que uno de los miembros es excesivamente emocional y el otro racional, esta conexión permitirá al otro a comprender y a aprender a comunicarse en el otro “idioma”.

Y encima, por si fuera poco, ¡rutinas cotidianas antes odiadas como fregar o limpiar, que antes se evitaba hacer, se convierten en excelentes momentos para practicar la atención plena!

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